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Geólogo experto de la UDA: “Los parámetros sísmicos están normales, aunque debemos estar atentos a estos movimientos”

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Manuel Abad es licenciado en Geología y doctorado en Ciencias de la Tierra por la Universidad de Huelva (España) e investigador de la Universidad de Atacama (UDA). Lleva años estudiando los terremotos y tsunamis que se han registrado en la región. Desde esa perspectiva, señala que es poco probable que los últimos temblores sean predecesores de un terremoto de una magnitud mayor; sin embargo recuerda que “estamos en una de las zonas más sísmicas del planeta”.

 

Por: Christian Palma

 

¿A qué se deben los últimos sismos registrados en las regiones de Atacama y Antofagasta?

-Los terremotos son fenómenos geológicos frecuentes en Chile y forman parte de la dinámica geológica de esta parte del planeta. Debemos considerarlo como un recordatorio de que nos encontramos en una de las zonas sísmicas más activas de la tierra. Cada temblor es un pequeño pulso de liberación de energía; es decir, el reflejo del desplazamiento diferencial entre las placas tectónicas de Nazca y Sudamérica. Aunque los geólogos hemos medido con precisión la velocidad media con la que la primera se desliza bajo la segunda (unos 7 cm/año), hasta la fecha no hemos sido capaces de descifrar cuándo y dónde se van a producir estos movimientos. Pueden pasar décadas sin que se registre desplazamiento alguno, pueden producirse deslizamientos lentos entre placas de forma frecuente o pueden llegar a generarse movimientos de varios metros de una placa bajo la otra en un único y gran terremoto. En general, los sismos de magnitud moderada, como los registrados en las últimas semanas, reflejan la liberación de cantidades menores de energía y el reajuste de la posición entre placas. La particularidad en Atacama es que este fenómeno se está produciendo de forma casi sincrónica en dos zonas distintas, pero cercanas, dentro de un mismo segmento de subducción. Aun estamos discutiendo lo que esto significa.

 

¿Tienen registro de cuántos han sido en los últimos meses? 

-Sí, esa información está disponible online en las páginas de los diferentes Servicios Geológicos del mundo. Si consideramos a Atacama, junto con el norte de la Región de Coquimbo, las bases de datos indican que no se ha producido un aumento importante en la frecuencia de la actividad sísmica. Sí se puede destacar, como casi todos hemos percibido, que desde finales de agosto es patente un ligero aumento en la magnitud de los sismos: se ha pasado de magnitudes cercanas a 4 a magnitud 5. Unas pocas décimas en el incremento de la magnitud, suponen un aumento considerable en la cantidad de energía liberada en cada evento. A esta situación se ha sumado la ocurrencia de varios sismos consecutivos al sur de Antofagasta, de magnitud muy similar y que ha generado una lógica preocupación en la comunidad. Decía R.D. Emerson, que aprendemos geología la mañana siguiente al terremoto. Y es muy cierto.

 

¿Esto es actividad sísmica normal del sistema o puede tratarse de otro evento mayor?

-Es pronto para saberlo. Debemos prestar atención a estos sismos y analizar su progresión a corto plazo. Sin embargo, los parámetros por el momento entran dentro del funcionamiento normal de un segmento del sistema donde las placas tectónicas se encuentran fuertemente acopladas desde hace décadas y necesitan disipar la energía acumulada.

 

Siempre se ha hablado que Atacama está en una isla sísmica, por lo mismo se especula con el “gran terremoto” que afectará a esta zona. ¿Estos sismos pueden ser parte de ese fenómeno?

-Lo que preguntas es sí estos sismos de magnitud menor son predecesores de un terremoto de magnitud mayor. Es muy probable que no, pero es sólo mi opinión. Cuando estos predecesores se registran suelen ser de mayor magnitud y bastante menos frecuentes, aunque la respuesta honesta es que no lo sabemos. En cualquier caso, no tienen que producirse necesariamente terremotos predecesores antes de un gran terremoto. Es cierto que actualmente se considera que Atacama se encuentra en una zona de gap sísmico. Esto quiere decir el segmento de la zona de subducción que se extiende aproximadamente entre La Serena y Mejillones lleva casi un siglo sin registrar un gran terremoto (de magnitud superior a 8). En esta zona el movimiento diferencial entre las placas tectónicas se encuentra fuertemente bloqueado y, por lo tanto, no se producen los desplazamientos breves, abruptos y prolongados que causan los terremotos. Por eso la energía se está acumulando y cuanto más tiempo pase hasta que se produzca un nuevo movimiento significativo entre placas, mayor será la magnitud del futuro sismo que romperá este bloqueo. Considerando que, según varios estudios recientes, esta zona está “madura” para que se desencadene ese gran terremoto, es muy probable que la energía que será liberada por este enorme sismo llegue a ser incluso superior a la de los terremotos de 1922 y 1819, cuya magnitud se ha estimado entre 8,3 y 8,7. Esta es la hipótesis más aceptada.

 

 Según los tiempos geológicos, este “gran terremoto” puede ser en una hora más o en cien años y eso nadie lo puede predecir…

-Hasta la fecha es imposible predecir cuándo ocurrirá. Lo que sí sabemos es que este terremoto tendrá lugar muy probablemente en las próximas décadas, así como es segura su gran capacidad destructiva y que se generará un tsunami que barrerá las costas del norte de Chile. La historia sísmica reciente de Atacama así lo refleja. No es necesario caer en el alarmismo. Es un hecho científico que un terremoto de gran magnitud afectará a Atacama y por eso debemos estar preparados ante este desafío como comunidad. Puede que incluso nos estemos quedando cortos con lo que los analistas de riesgos geológicos llaman “el peor escenario posible”. Cuando llegue el momento de enfrentar este fenómeno lo sabremos. Hasta entonces las autoridades, los científicos y la sociedad deben trabajar en conjunto y establecer estrategias y planes de emergencia para minimizar los daños y, sobre todo, el número de damnificados y víctimas, que es potencialmente muy elevado.

 

No solo por esta cadena de sismos, sino que por precaución general, la gente debe actualizar sus kit de emergencia… 

-Es lo más aconsejable. Al igual que ahora cuando se declara una alerta temprana por lluvias los atacameños nos hemos acostumbrado a llenar la despensa de alimentos no perecederos, acumular agua y prepararnos para otro 25M, es importante estar preparados para un gran terremoto. Una mochila con una linterna, una radio, ropa de abrigo, pilas, comida y agua, pueden marcar una gran diferencia en caso de catástrofe y que nos veamos obligados a abandonar nuestras casas varios días.

 

Usted ha investigado, exhaustivamente, los últimos eventos sísmicos, incluido el maremoto de 1922 en Atacama ¿Cuáles son las principales conclusiones de esos análisis y cómo lo acontecido en esa fecha nos puede ayudar en la actualidad?

-Desde nuestro Grupo de Investigación en la Universidad de Atacama ahora estamos centrando nuestros esfuerzos en buscar evidencias de terremotos y tsunamis mucho más antiguos que el de 1922 en las costas de Caldera y Chañaral. Nuestros datos apuntan con claridad a la existencia de, al menos, un gran terremoto de magnitud cercana a 9, que generó un tsunami de altura de ola superior a los 18 metros a principios del siglo XV en el sector centro-norte de Atacama. Muy probablemente estas olas alcanzaron las costas orientales de Japón, donde se describe una importante perturbación del océano durante más de 4 horas en la Prefectura de Ibaraki, el 1 de septiembre de 1420. El conocido como el tsunami de Oei ha pasado a la historia como un maremoto huérfano; es decir, sin terremoto asociado conocido. Nosotros pensamos que este tsunami se generó frente a las costas de Atacama y que hemos encontrado evidencias de la increíble fuerza de sus olas en los acantilados de Caldera. La conclusión más importante que podemos sacar de todo esto es que todavía no dimensionamos con certeza la cantidad de energía que puede liberar este sistema y que es posible que las crónicas históricas que han llegado a nosotros no se remonten lo suficiente atrás en el tiempo como para registrar la ocurrencia de terremotos y tsunamis mucho más grandes que los que contemplamos hoy como el peor de los casos posibles. Esto es debido a la sencilla razón de que los relatos de los pueblos que habitaron las costas de Atacama, antes incluso de la llegada de los españoles, y que es seguro que sufrieron estas catástrofes, no han quedado conservados de ninguna manera de forma escrita

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